03 agosto, 2008

LA GRACIA, en el Parque España, Rosario




Rosario
Domingo 3 de agosto de 2008
Espectáculos

Indagaciones sobre los Mandamientos
El director Ruben Szuchmacher habla de “La gracia”, de Lautaro Vilo, obra que integra el proyecto porteño “Decálogo”, curado por Matías Umpierrez.




“El teatro tiene que volver a ser algo entretenido, interesante”, dice Szuchmacher. Télam





A partir de agosto, el Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río) buscará reposicionar en lo que queda del año y en el próximo, un espacio que supo de programaciones gloriosas en materia teatral. Es así que, a partir de la gestión que lleva adelante Martín Prieto, la sala albergará una atractiva programación que arrancará esta noche, a las 21.30, con el estreno en Rosario de La gracia. Amarás a Dios por sobre todas las cosas, dirigida por Rubén Szuchmacher a partir de la dramaturgia de Lautaro Vilo. En la cartelera más inminente figura también la presentación de la actriz española Antonia San Juan (jueves 14, a las 21, conocida mundialmente por encarnar al travesti de Todo sobre mi madre, de Almodóvar) con su unipersonal Las que faltaban. La gracia, que cuenta con las actuaciones de Berta Cagliano y Juan Manuel Torres, forma parte del ciclo Decálogo, indagaciones sobre los Diez Mandamientos, curado por Matías Umpierrez para el porteño Centro Cultural Ricardo Rojas. Unpierrez se propuso montar diez puestas cuyas dramaturgias surgieran a partir de los Mandamientos entregados a Moisés en el Monte Sinaí. Junto con La gracia, se estrenaron en mayo Todos los miedos, de Romina Paula por Mariana Chaud, y El amor perfecto de dos paraguas disfuncionales, por Andrea Garrote, de la mexicana Concepción León Mora, que llegarían al Parque de España en octubre. Recientemente, se sumaron Tras nosotras la lluvia. Honrarás a tu padre y a tu madre, del español Jerónimo Cornelles con dirección de Andrés Binetti; Este amor es una fiesta. No matarás, de Agustina Muñoz, con dirección de Mariela Asensio, y Cuentos putos. No cometerás actos impuros, del novelista Alejandro López, con dirección de Inés Saavedra. Szuchmacher, uno de los directores y docentes más talentosos y prolíficos de su generación y desde diciembre director del Festival Internacional de Buenos Aires (Fiba) que tendrá su próxima edición en 2009, dialogó con El Ciudadano acerca de este proyecto y de su gestión, junto al cordobés Alberto Ligaluppi, al frente del evento dedicado a las artes escénicas más ambicioso e innovador que tiene la Argentina desde 1997.
—Hablando de mandamientos, ¿qué fue lo que te tentó para sumarte a “Decálogo”?
—Por un lado, siempre que uno trabaja un proyecto que desde lo temático está dentro de otro, hay una toma de partido por una parcialidad. Con esa base trabajamos, aunque ese fue quizás nuestro problema de arranque, porque nos dimos cuenta que “Amarás a Dios por sobre todas las cosas” es abarcativo de todos los mandamientos. Representarlo era como hacer una obra única. Los restantes son más restrictivos, preceptivos, en cambio éste tiene que ver con el orden de qué es amar, qué es Dios y cuáles son todas las cosas, algo tremendo (risas).
—¿Cuál fue la estrategia?
—Le huimos a la idea de un lugar común al que podríamos haber caído, que tenía que ver con trabajar algún tipo de fundamentalismo. A partir de pensar en ese mandamiento te aparecen cosas de todos los órdenes, pero queríamos algo que nos conmueva. Desechamos cosas, incluso algo ligado con Montoneros, hasta que apareció una historia muy personal: una mujer que va a perdonar a un hombre que está imposibilitado y que le hizo un daño que no fue tal. El tema es que como el ciclo aún no terminó, es difícil saber cómo se orienta o se organiza esta obra con respecto a la totalidad.
—Quizás eso sólo se conozca si en algún momento pueden convivir las diez obras.
—Precisamente, ese será uno de los proyectos que estamos barajando para el próximo Fiba, como para que en quince días se puedan ver todas las obras, algo que le daría un sentido distinto al proyecto en sí.
—Retomar los Mandamientos y una idea de historia previa, ¿tiene que ver con volver a cierto origen de las historias, a cierta universalidad?
—Quizás esto que preguntás tenga que ver con unas declaraciones mías respecto de que para mí la mayoría de la gente que hace teatro es una gente medio “tarambana”.
—Precisamente.
—En realidad, lo que estoy planteando es que el teatro tiene que volver a ser algo entretenido, interesante y que comunique algo, para dejar de lado ciertos ejercicios narcisistas, sólo gozables por aquellos que lo están haciendo y no por los que lo están viendo. Es cierto lo del origen, porque estoy reivindicando la función social que tiene el teatro y a la vez pelearle ese lugar del entretenimiento a uno que es horrible como el que propone la televisión o el mal teatro.
—¿Los teatristas serían los responsables de la pérdida de público?
—Sí, gran parte de la responsabilidad de la pérdida de público la tiene la gente de teatro. Cuando digo “tarambanas” me estoy refiriendo a esa gente que dice “yo no pienso en el público, a mí el público no me interesa”. Me parecen unos maricones aunque sean chicas (risas). Me da ganas de decirles “no hagas teatro, dedicate a pintar”. Para mí, aquél que decide hacer teatro no puede no pensar en aquello que pasa en relación con el público, no se puede hacer teatro para un grupo de acólitos y después preguntarse porqué no va la gente. Hay gente que no va al teatro porque lo que le ofrecen no le interesa, y creo que tienen razón.
—¿Esa apreciación la terminaste de confirmar a partir de sumarte a proyectos más o menos comerciales como el caso de tu reciente versión de Muerte de un viajante?
—Algo de eso hay, más allá de que mis producciones han estado siempre ligadas al sistema teatral que las contiene. Yo no hubiera hecho la versión de Muerte de un viajante que monté en La Plaza (y que 5, 6 y 7 de setiembre se presentará en El Círculo) si la propuesta hubiese venido del San Martín. Creo que tiene que pasar algo para que el público al que está destinado el espectáculo adhiera, se emocione o le pase lo que le tenga que pasar, y no burdamente. Por ejemplo: en Muerte de un viajante hay ciertos elementos de modernidad que se vuelven una ruptura, pero lo que tiene que estar, está. Y además hay que entender que el público es mucho más sagaz de lo que uno cree.
—¿Tienen pensado un cambio de rumbo para el Fiba, con una impronta más iberoamericana que europea?
—Intentamos no ver sólo el teatro que proponen los festivales. Eso cuesta un poco, porque las organizaciones quieren que veas los espectáculos de festivales y no el de las ciudades. Y en el caso de la región, queremos que el Fiba mire a Latinoamérica, algo que hasta la fecha no tuvo importancia para este evento. La idea es plantearnos una discusión con países centrales en materia teatral como Francia o Alemania, para que no nos impongan propuestas. Al mismo tiempo vamos a abrir una puerta grande al teatro de Buenos Aires y al del interior del país que también estaba un poco olvidado.
—¿Cómo se hace para repartir el tiempo entre el manejo de una sala, la dirección de espectáculos, la docencia, y ahora la dirección del Fiba?
—No sé. Sí hay algo que me habilita a producir mucho y que en mi vida es normal. Si lo pienso, creo que tiene que ver con que en muchos casos soy la cabeza visible de equipos de trabajo. En El Kafka está toda la gente de la cooperativa, en el teatro comercial trabajo con el Complejo La Plaza, que son lo mejor, y ahora en el Fiba trabajo conjuntamente con Alberto Ligaluppi y un gran equipo. Estoy convencido de que solo no puedo hacer nada. Cuando estoy solo, me gusta hacer cualquier cosa menos teatro.
Miguel Passarini
Crítica
A instancias de un corazón iluminado

CRÍTICA TEATRO - Con “La gracia. Amarás a Dios por sobre todas las cosas”, la dupla Szuchmacher-Vilo consigue una propuesta singular y de corte clásico.


En “La gracia”, una mujer se enfrenta a quien fuera su victimario, que está postrado.







por Miguel Passarini

El discurrir acompasado de una confesión dolorosa pero iluminada, un monólogo dicho frente a un espectador “privilegiado” que nada puede responder dada su condición, y el perdón, la redención (¿el amor a Dios?), algo sobrenatural que “todo lo puede”, incluso aquello que puede parecer imposible, inhumano. Con estos elementos está construido La gracia. Amarás a Dios por sobre todas las cosas, el primero de los espectáculos basados en los Diez Mandamientos que fueron entregados a Moisés (un proyecto que lleva adelante el porteño Centro Cultural Ricardo Rojas), que el viernes por la noche se presentó en la sala Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España inaugurando una temporada que promete más teatro en lo que queda del año (enhorabuena).En La gracia, una mujer se enfrenta a quien fuera su victimario, que está postrado, vendado de pies a cabeza, casi inerte. Viene para perdonarlo, para decirle que aquello por lo que fue juzgado, a ella, de algún modo, le salvó la vida cuando intentaba quitársela tomando pastillas. En su discurso (estupendo trabajo de Berta Gagliano), se van develando los entretelones de un vida gris, marcada por “otros sometimientos” familiares que hicieron de ella un ser triste, opaco, aunque dispuesto a redimirse a través de un perdón incomprendido para los demás.El de Lautaro Vilo (Un acto de comunión) es un texto sin grietas, preciso en su estructura. Un monólogo que, dada la inteligente puesta de Rubén Szuchmacher, deja de ser tal, para volverse un trabajo con cierto sentido operístico, en el que confluyen las tensiones necesarias para que lo que se cuenta adquiera sentido. El despojamiento y la presencia de unos pocos objetos que buscan reconstruir un ámbito hospitalario sin olvidar (por suerte) que se está sobre un escenario, le dan a la puesta una impronta de instalación (sobre todo, por la presencia de la cama), a lo que se suma el sustento lumínico resuelto con el talento que caracteriza los trabajos del diseñador de luces Gonzalo Córdova.Es así que en La gracia, la dupla Szuchmacher-Vilo consigue una propuesta singular, cargada de giros extremadamente teatrales, pequeños signos, detalles de pura teatralidad. Pero sobre todo, el trabajo responde a una forma de teatro clásico (que por suerte se aleja de cierta tilinguería de la escena porteña contemporáneo), no porque no arriesgue nada, por el contrario, lo riesgoso pasa aquí por la historia, por la temática y por el modo de contarla. El riesgo está omnipresente en el debate ético que se está mostrando y que desde la singularidad de un pequeño conflicto remite a la consigna del proyecto general curado por Matías Umpierrez, sobre todo si se tiene en cuenta que el primero de los mandamientos, “Amarás a Dios por sobre todas las cosas”, es en cierto modo abarcativo de los nueve restantes. Del ciclo, que sigue en marcha en Buenos Aires (ya fueron estrenados los primeros seis, los cuatro restantes se conocerán en 2009), posiblemente lleguen al Parque de España en octubre algunas de las propuestas restantes. De ser así, ya con una pata en Rosario, Decálogo, indagaciones sobre los Diez Mandamientos se volverá una cita imperdible para aquellos que gustan de ir al teatro a que le cuenten una historia.


Viernes, 1 de Agosto de 2008

"La Gracia", de Lautaro Vilo con dirección de Rubén Szuchmacher
Visitas relevantes en el CCPE

Hoy sube a escena en el teatro del Parque de España, una obra dirigida por el prestigioso director porteño Szuchmacher. El jueves 14, llega la talentosa actriz Antonia San Juan, recordada por su participación en el film "Todo sobre mi madre" de Almodovar.

Por Julio Cejas

Agosto propone al público rosarino una tentadora cartelera teatral con visitas relevantes tanto nacionales como internacionales, al frente de propuestas que vienen precedidas del reconocimiento de la crítica y el público amante del buen teatro. En ese contexto destaca la programación del Centro Cultural Parque de España que arranca hoy con la presencia del prestigioso director porteño Rubén Szuchmacher, con su último trabajo: La Gracia. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
La obra estrenada en mayo de este año, forma parte del ciclo Decálogo que nace a partir de una idea de Matías Umpierrez, curador y coordinador del Area Teatro del Centro Cultural Ricardo Rojas de Buenos Aries. Umpierrez convocó a diez directores y diez dramaturgos para trabajar a partir de los Diez Mandamientos entregados a Moisés en el Monte Sinaí, el universo de la teología moral.
Las diez obras teatrales se proponen "dialogar con la intención del mandamiento original", y la primera es precisamente la que se verá esta noche a las 21.30 en el Teatro Príncipe de Asturias. La Gracia, escrita por el actor y dramaturgo Lautaro Vilo, está interpretada por Berta Gagliano y Juan Manuel Torres y plantea la historia de una mujer que visita a un hombre postrado en una habitación de un hospital. Según adelantan sus responsables, "ese hombre está muy grave, pero ella también lo ha estado y ahora llega para perdonarlo y darle fuerza para salir adelante .
Szuchmacher vuelve a presentarse en Rosario después de varios años y en el mismo escenario donde cosechara el aplauso del público local dirigiendo a dos de sus actores fetiches: Ingrid Pelicori y Horacio Peña en puestas memorables como Decadencia, de Steven Berkoff, Polvo eres, de Harold Pinter y Amor de Don Perlimplin con Belisa en su jardín, de García Lorca.
Entre su frondoso curriculum, Szuchmacher, recientemente nombrado Director del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), fue en 1998 el Director Artístico del Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad de Buenos Aires. En ese mismo año creó "El Festival del Rojas", que dirigió hasta el año 2002. Desde 1999 es profesor titular de la cátedra "Gestión en artes performáticas", en la Especialización en Gestión Cultural, Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM) y desde 2004 es profesor titular de las materias "Espacio Escénico Iº y IIº", en el IUNA.
Entre la extensa lista de obras que dirigió pueden mencionarse entre las más destacadas por la crítica El Siglo de Oro del Peronismo, Las Troyanas, de Eurípides en versión de Jean Paul Sastre, y dos trabajos que tuvieron a Alfredo Alcón como protagonista: Enrique IV, de Pirandello y Muerte de un viajante, de Miller.
De Vilo se conocieron en Rosario dos trabajos interesantes: como actor en La Pornografía, de Gonzalo Martínez y como director en Un acto de comunión, propuestas que el año pasado integraron el Ciclo de Teatro Nacional, organizado por el Centro de Expresiones Contemporáneas.
Dramaturgo, docente y actor, con más de una decena de obras entre las que se puede mencionar Alto Valle, La muerte del ratón más famoso del mundo y Cáucaso, Vilo trabajó bajo la dirección de Rubén Szuchmacher, en Enrique IV, de Pirandello.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-14603-2008-08-03.html

Ruben: este es el link de mi critica en Rosario 12,soy Julio Cejas de Rosario

Alan Robinson dijo...

Disfruté mucho esta obra. Gracias a todos.