29 marzo, 2009

SOBRE EL FIBA - REPORTAJE EN MONTAJE DECADENTE

Reportaje publicado en Montaje Decadente

por Lucho Bordegaray
Sábado, 7 de marzo de 2009

http://montajedecadente.blogspot.com/2009/03/reportaje-ruben-szuchmacher-director.html


(Versión completa del reportaje publicado en la edición 125 de la revista Llegás a Buenos Aires.)



Corría la segunda mitad de 2007. A medida que se acercaba su asunción, el entonces electo jefe de Gobierno, Mauricio Macri, no acertaba en definir al titular del Ministerio de Cultura; sus desatinos incluyeron descartar a Ignacio Liprandi por una maniobra inventada en las mismas filas del Pro y proponer a un “exitoso” del mundo editorial con cientos de libros de cocina y de autoayuda en su haber llamado Luis Rodríguez Felder, destrozado en cuestión de horas por izquierda y por derecha. Finalmente, el elegido fue el ingeniero Hernán Lombardi, empresario del turismo. Estaba así en marcha la añorada fusión entre cultura y turismo, quizás originada en cabezas peregrinas que sólo consumen cultura cuando pasean por París.Una de las primeras decisiones de Lombardi (a su vez una de las pocas acertadas que puede ostentar desde que asumió) fue la remoción de Graciela Casabé como directora del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), quien ejercía esa función desde el inicio del festival. Y en su reemplazo nombró a Rubén Szuchmacher. Así, tras un decenio de vida y seis ediciones, el FIBA dejaba de estar en manos de empresarios (Casabé venía de gestionar el ya mítico espacio Babilonia junto a su socio Javier Grossman) para ser guiado por un hombre de teatro del que vale enumerar algunos puntos de su recorrido: se formó en actuación, música, danza y dirección; estudió Psicología Social; actuó en teatro y en cine; se desempeñó como régisseur en muchas óperas y como director teatral tanto en el circuito independiente como en teatros comerciales y estatales; tiene una vasta trayectoria como formador tanto de actores como de directores, y es profesor Gestión en Artes Performáticas en Universidad de San Martín; fue director artístico del Centro Cultural Rojas, y coordina el espacio teatral Elkafka. Antecedentes no le faltan; sin embargo, y paradójicamente, no pocas voces del quehacer cultural y en particular del mundo teatral cuestionaron tanto la remoción de Casabé como la aceptación de Szuchmacher de un cargo en una administración que poco de bueno auguraba en esas áreas, pero aquellas declamaciones presuntamente “progres” estaban fogoneadas tanto por algunas personas beneficiadas una y otra vez por la directora saliente como por una intelectualidad de errática filiación y nula capacidad estratégica. Pero ya conocemos la canción: siempre es fácil ser principista –si no fundamentalista– con el cargo que le ofrecieron a otro. Cuando el 8 de enero de 2008 se presentó en conferencia de prensa al nuevo director junto a su colaborador, Alberto Ligaluppi, algunos dichos de ellos ya trajeron suficiente aire como para mirar con simpatía –si no optimismo– su flamante gestión: “Uno de los desafíos que tenemos por delante es cómo hacer para que el festival mantenga su lado de excepcionalidad: algo que se remarque como distinto de lo habitual, en una ciudad en donde lo habitual es muchísimo”; “Nuestra idea es comenzar a buscar en las tramas urbanas de esta y de otras ciudades, y por fuera del circuito de festivales”; “Los festivales son muy importantes para los artistas, para que encuentren allí un lugar de diálogo, de tensión”; “Pensamos en una incorporación mayor de la producción local y una mirada mayor sobre la escena del interior del país y también de la región, volver a hacer aparecer la región latinoamericana”. Un año más tarde, con definiciones claras y un proyecto encaminado, ya es momento de sentarse a charlar con Szuchmacher.
–En tus primeras declaraciones como director del FIBA dijiste que era un desafío pensar un festival para volver a sorprender en una ciudad que llega a tener quinientas obras en cartel. ¿Cómo estás resolviendo ese desafío?
–En principio, la reducción de la duración del FIBA, no queremos que se eternice, por lo que dura exactamente 14 días, del 5 al 18 de octubre. La concentración impide que se diluya la energía, cierto grado de excepcionalidad que debe sentir el espectador y las compañías que vienen, que trataremos se queden la mayor cantidad de tiempo, y estamos trabajando sobre cómo se vincula la gente entre sí, que es el otro punto."Además, por primera vez abrirá el festival una obra argentina. Y será un festival en el que no se podrá ver todo; la idea es que no es posible, hay que elegir. La idea de elegir va a llevar a que la gente indague sobre las propuestas. Hasta ahora el festival había propuesto el impacto de algunos nombres famosos, tanto en danza como en teatro, y unos pocos espectáculos a los que sólo el medio teatral accedía.
–Otra de las primeras preocupaciones que expresaste fue que el FIBA también sea un acontecimiento para la gente de teatro, como espacio de tensión y diálogo. ¿Qué hay pensado para favorecer ese aspecto?
–Aunque todavía es algo incipiente, estamos organizando las relaciones entre las compañías extranjeras y las locales. A través de workshops específicos que exigirán de alguna manera concursar para acceder a ellos, ya que tendrán un costo mínimo. El FIBA tiene sentido en la medida en que genere mayores tensiones y mayores discusiones e inquietudes respecto de lo teatral desde el punto de vista estético. Por eso hay que hacer que tanto el público como los artistas participen de este fenómeno, que el publico pueda comparar y los artistas puedan reflexionar."Y estamos poniendo particular énfasis en lo que se llamaría punto de encuentro; ahí hay todo un trabajo de producción para que los elencos se encuentren. Aquí hemos tenido dos experiencias: en el San Martín, que cerraba en su horario habitual y dejaba fuera toda posibilidad de encuentro luego de las funciones, o en el Centro de Exposiciones, que se armó una disco, y la ciudad está llena de lugares para ir a bailar, pero no para dialogar sobre teatro. No olvidemos que en Buenos Aires está rota la cultura del café, por lo que hay que crear condiciones para el encuentro y la charla, que ahora sucede en los blogs, en los foros de internet, sucede sin los cuerpos… Y la posibilidad de encontrarse con las personas tiene que ver también con la democratización de quienes están en el festival: estamos buscando la manera en que todos puedan tener los datos de todos, porque no queremos que esa información siga siendo secreta, como lo fue hasta la última edición del FIBA."También hay que aclarar que los workshops serán actividades fuertemente subvencionadas, y el precio de las entradas será accesible: los espectáculos internacionales no tendrán un costo superior al de una entrada al Teatro San Martín. No se va a diferenciar en términos de que el espectáculo que para traerlo costó más caro tendrá entrada más cara, y el más barato tenga entrada mas barata, porque eso confunde y, en parte condiciona a creer que algo es superior porque cuesta más. A la vez, habrá una política de descuento para docentes y estudiantes de teatro que se acrediten como tales. Y esto se puede hacer porque la idea no es el recupero económico, sino que el objetivo del festival es mejorar la calidad del teatro de la ciudad.
–Como hombre del teatro porteño, ¿creés que ese fue el objetivo de las ediciones anteriores del FIBA?
–El modelo que tuvo el FIBA (que fue dirigido por una productora que a su vez tenía una empresa productora de espectáculos a nivel internacional) le dio una marca: el festival promovía la salida de espectáculos al exterior. A partir de ahí había ciertos negocios por parte de personas cercanas a la dirección que iban a manejar algunas obras que habían visto los curadores internacionales. El concepto era eso: el FIBA como vidriera, como showcase para que la gente vea y lleve, lo cual es muy distinto a promover la cultura argentina en el exterior. No es lo mismo que una feria industrial, por eso creo que hay que hacerlo de otra manera."No vamos a hacer una reunión de curadores con los artistas, porque nos parece mentira. Hay que dejar que la gente que viene de afuera ande suelta por la ciudad y que haga lo que quiera. Nosotros podemos ayudarlos a llegar a distintos lugares, pero no más que eso, no la cosa compulsiva de subir a los curadores a una combi y llevarlos de un lado a otro. Al curador que viene le habilitamos la programación del festival, pero también toda la cartelera porteña. De hecho, en la hoja de promoción del festival aparecerá toda la cartelera porteña de esas semanas, para que se entienda que es parte de la actividad teatral de la ciudad, y que las obras que no hayan sido elegidas también existen. (De paso, te cuento que vamos a tener un catálogo que ofrezca una elaboración más conceptual de lo que se presenta, para que el público tenga elementos para elegir, pues el FIBA nunca tuvo catálogo, sino una especie de hoja de ruta o de promoción que era tenida como el catálogo.)"Como contraparte, lo que sí vamos a hacer es habilitar cómo contactar a los curadores, en tal hotel y su mail. El que quiera pedir la información, la tendrá, porque la información estará absolutamente democratizada.
–Circula la versión de que cuando asumiste la dirección del FIBA te encontraste con una oficina vacía.
–Cuando yo llegué ya se habían redistribuido los lugares, así que no llegué a la misma oficina en que antes estaba la dirección del FIBA. De todos modos, muchas de las cosas las había aportado Graciela Casabé a través de Babilonia porque no se habían podido inventariar. Y no es lo más trascendente, porque lo que importa no tiene que ver con lo material: yo me encontré con un vacío conceptual, y eso me parece lo más grave."Lo cierto es que yo llego y no hay nada. Además de que no hay nada excepto algunas cajas con dvds y videos sin ninguna catalogación, no hay nada de información (quienes se fueron alegan que se les ordenó vaciar las computadoras), por lo cual es imposible hacer un recorrido porque no fue dejada ninguna instancia histórica que dijera “esto es el FIBA” y que permitiera saber desde donde yo sigo. En cualquier lugar, aunque cambien curadores y directores, uno tiene el registro de lo que hubo. Pero en el FIBA no hubo ninguna preocupación archivística, por lo que una de las primeras cosas que mandé a hacer es la reconstrucción del FIBA; ya tenemos reconstruidos los programas internacionales, y ahora nos toca lo nacional, que es mas fácil porque la gente está acá, y vamos a hacer packs con lo que se pueda recuperar de cada una de las seis primeras ediciones del FIBA. Había un FIBA, pero ¿qué era el FIBA? Era lo que uno recordaba que había. "No podemos rearmar quiénes vinieron desde el primer FIBA hasta el último, y los curadores invitados no están registrados en ninguna parte: yo tenía una lista porque el actor me había pasado una lista de los curadores, cosa que no se podía hacer porque era como un secreto de estado para que nadie tuviera contacto con ellos."Todo eso para mí es gravísimo, es comerse lo que uno va haciendo sin dejar ningún registro del recorrido. Tampoco desde lo administrativo tengo manera de seguir la historia; pude tener acceso a los gastos del último FIBA, pero no pude hacer una proyección desde lo económico que lo abarcase desde el inicio. No había convenios, y nosotros hicimos un convenio con el INT, creamos un premio, armamos un programa para que a las bibliotecas de la ciudad lleguen textos teatrales en sus idiomas originales gracias a acuerdos con las embajadas. Así se va haciendo la idea de una estructura, aunque uno después vaya a contradecirla y cambiarla."Lo que encuentro es que Casabé no deja rastros. Ese es el tema, ese es el vacío. Hubo un festival que en sus seis ediciones tuvo momentos muy buenos, hay que reconocerlo, pero a costa de un enorme personalismo y con ninguna idea de lo público. El problema más serio de la gestión Casabé es cómo la idea de productor privado condicionó todo con su mirada de mercado y con el sentido de que el productor es un distribuidor. Al punto de que hay ciertos creadores que deberían haber estado en la Argentina en su momento pero que no entran porque no había forma de volverlo recíproco con otro, porque para traer a alguien de Brasil era necesario llevar para allá a uno equivalente, y si eso no se daba, el de Brasil no venía. Por ejemplo, hasta ahora Brasil vino al FIBA gracias a una relación muy intensa que con ese país tuvo Casabé, intensa en términos económicos, ya fuera entre la gente de los festivales y productores privados brasileños o bien entre ellos como productores privados y los estados brasileños. De hecho, Carlos Villalba es socio de Casabé y Grossman y con él han realizado los eventos Porto Alegre-Buenos Aires. Lo grave tiene que ver con eso. Yo no pretendo demostrar desfalcos ni señalar delitos de alguien no los produjo, pero creo que es un grave problema cuando no se comprende qué es lo público."Otra cosa que me parece interesante señalar es que, ante las dificultades del sistema público, la dirección anterior creó unos mecanismos perversos respecto de la utilización de la plata que es una manera de zafar para tratar de lograr algo. La típica era contratar gente que no tenía ninguna tarea en el festival y luego pedirle la plata. De esto tengo pruebas. En sí mismo no es un delito, porque no se trata de malversar fondos: era un método para obtener dinero que se gastaba en el festival, por ejemplo, pagando un viaje para el que no se había logrado que el estado diera el dinero. Pero esos procedimientos que supuestamente agilizan, en el fondo demuestran que en ningún momento reflexionaron acerca del funcionamiento de lo público. En nuestro país existe el mito de que la empresa privada es más eficaz que lo público, pero cuando uno está en el campo de lo público, uno tiene que reflexionar trabajando desde esa instancia. Y lo público es también sus procedimientos. Eso me entusiasma mucho del trabajar para el Gobierno de la Ciudad: todas esas veces en que uno llega a un absurdo, y cómo llegar a lo deseado no por izquierda, porque ahí estas alimentando más al monstruo, sino ir hasta el fondo y ver como el mismo sistema entra en colapso cuando lo amenazás con un “Si no se soluciona, hasta acá llegamos”: así le quitás el alimento y, de alguna manera, para seguir funcionando, aparece la racionalidad. Porque hay una racionalidad en todo eso, lo que pasa es que esta desmadrado. No es una cosa loca porque sí, no es cualquier cosa, pero las internas, los nichos de poder, la desidia, todo va generando ese monstruo. Pero no hay que zafarle: hay que lanzarse encima de eso. Y no es un desgaste, porque es parte de la cosa pública; uno tiene que saber que lo público viene con eso incorporado. La otra es creer que voy a transformar lo público en algo privado, pero este es un estado, no una empresa.
–¿Tuviste real apoyo del Gobierno de la Ciudad?
–Contrariamente a cualquier tipo de pronóstico que se planteaba, el Ministerio de Cultura ha hecho una apuesta en los festivales. En lo personal, sacando problemas administrativos que son propios de cualquier organización estatal –que te ponen un poquito nervioso y te dan ganas de matarlos a todos, pero que es estructural al funcionamiento, está hecho desde tiempos inmemoriales para joder–, no he tenido ninguna interferencia en mi trabajo. Lo cual no significa que tenga contacto con Macri ni que me anden palmeando el hombro. Sólo tengo comunicación con quienes son mis superiores: yo soy un director que depende de la directora de Festivales y Eventos Especiales.
–Te escucho hablar y pienso que, para eso a lo que llamamos “macrismo”, la cultura es para el turista, el apoyo es para lo que viene desde afuera o para mostrarnos ante los extranjeros. Esa obsesión de querer agradar y quedar bien con los de afuera, aunque el patio trasero se les esté inundando.
–A mí me parece que fuimos a parar a una repartición en donde hay una especie de coincidencia programática; a partir de ahí nadie se está metiendo con esto, nadie me está jodiendo con esto. El único pedido fue que hubiera algo relacionado con la convocatoria más popular, algo callejero, y lo resolvimos con un programa de cine en las plazas: en determinadas plazas de la ciudad, no céntricas, se va a presentar el Programa Hamlet, una zambullida en todos los Hamlet que el cine produjo. Hamlet es del teatro, no del cine, pero el cine ha producido mucho Hamlet. "Quizás ese pedido se haya originado en que desde lo político se necesita justificar más el número que la calidad. En relación a esto hay que recordar que el FIBA siempre está en año electoral, y aunque es muy difícil competir con el fascinante mundo de la política (esto entre comillas), de todas formas busca un espacio ante la canibalización de la lucha política que genera obras más intensas que Hamlet. Por eso, otra de las cosas que hemos trabajado como estrategia es pasar a los años pares para evitar competir con las campañas electorales y su dramaturgia y su estética que son socialmente más atractivas que cualquier otro evento que se pueda ofrecer. El octavo FIBA será en 2010; el ministro Lombardi lo sabe, pero en abril hay que empezar todo el trámite administrativo para que ese presupuesto pase al año 2010, vía Legislatura.
–¿Qué podés anticipar de la programación?
–Es difícil contar en este momento. Pero puedo decirte que habrá alrededor de 20 obras en la programación internacional. El criterio tiene que ver con que la curación se ha hecho sobre algo del pensar, por lo que se los elegidos son espectáculos que no tienen fama por fuera de su propio valor teatral, que nos interesaron por su ubicación dentro de su sociedad, y no por su condición festivalera, aunque hay algunas obras que sí han participado de festivales. Nosotros no elegimos en festivales, sino en las ciudades. Y la idea es trabajar con una curación tanto internacional como nacional que no apele al cholulismo. Así, se presentarán compañías de Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil, Mozambique, Corea, Hong Kong, Taiwán, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, España, Polonia y la República Checa."De la Argentina habrá unas 30 obras. Hemos hecho un convenio con en Instituto Nacional del Teatro, y vendrán 8 obras del interior del país. Además, va el ciclo Decálogo entero, que es lo único en donde no tenemos incidencia directa sobre la curación de los artistas, pero nos parece que como proyecto es importante, a la vez que una manera de incluir la participación de Iberescena, y es lo único en donde no tenemos incidencia directa sobre la curación de los artistas, pero nos parece que como proyecto es importante."Que no esté aún todo resuelto se debe a que seguimos recibiendo material hasta abril. Por supuesto que hay espectáculos que ya tenemos decidido que estarán en la programación, pero no por eso la programación está cerrada ni mucho menos completa la selección local. La idea ha sido trabajar con una curación en lo nacional que, así como en lo internacional no apelamos al cholulismo, tampoco apelar al cholulismo local. Menos llenar la grilla por llenarla.
–Por último, ¿qué es para vos ser director del FIBA?
–Para mí, estar en el FIBA es claramente hacer política; no es un laburo técnico, es política, y como toda acción política es trabajar en las relaciones entre las cosas y entre las personas, y eso es lo que más me entusiasma. De alguna manera, estamos tratando de sanear las relaciones en el festival: la de los artistas extranjeros con los nacionales, con la gente de las salas, con los periodistas, tratando de que las relaciones sean mucho más dinámicas, porque cuando no son el problema, entonces sí puede producirse la cosa por la cual nos relacionamos. Las relaciones están muy rotas y por eso la cosa, la que sea, queda siempre atrás. Hay que sanear las relaciones para que no sean el tema, y creo que la política debe ocuparse de eso.Y al haber dicho esto, me comprometo a mirar lo que quedó después del festival, tomando este reportaje. Porque ahora viene bailar con todo esto, y en ese “todo esto” hay cosas que ya están y otras que son anhelos por los que seguiré peleando políticamente.

En la edición de 109 de Llegás a Buenos Aires, anticipando el VI FIBA (y luego, de manera ampliada, en este blog) señalé lo que a mi parecer estaba limitando tornando cuestionable ese importante evento. Siendo consecuente con ese pensamiento, vi con agrado el cambio en la dirección. Y muchas de esas cuestiones parecen haber sido encaradas y modificadas por la actual dirección.Como nunca me calzo la careta de la objetividad, puedo afirmar que el FIBA en manos de Rubén Szuchmacher me despierta entusiasmo. El lunes 19 de octubre, una vez finalizado el festival, podremos evaluar cuánto asidero tenían mis expectativas.

Lucho Bordegaray

06 febrero, 2009

TALLERES DE RUBEN SZUCHMACHER 2009


Hall del Dramatiska teatern (Dramaten) en Estocolmo, Suecia, 2009. Foto: R.Sz.
Rubén Szuchmacher comunica la inscripción para sus Talleres 2009 que se brindan en Elkafka espacio teatral, Lambare 866, Te: 54-11- 4862-5439
Correo electrónico: elkafkacursos@netizen.com.ar


TALLER DE PUESTA EN ESCENA
Coordinadores: RUBÉN SZUCHMACHER y GRACIELA SCHUSTER
Destinado a actores, directores, músicos, plásticos, escritores, críticos, etc.
Curso anual de marzo a noviembre.
Requisito de inscripción: Envío de currículum a elkafkacursos@netizen.com.ar y entrevista a concertar.
Arancel: $250.-
Horario: Jueves de 11:00 a 14:00
Iniciación: 19 de marzo de 2009
Programa:
1. Descripción y análisis del objeto Puesta en escena.
Las formas teatrales: El teatro, el teatro musical, la ópera, la danza.
Artes que intervienen en la puesta en escena.
Literatura, plástica, música y arquitectura.
Interrelación.La información a través de las artes.
2. Lo literario. La dramaturgia. El texto dramático
Lo narrativo. La acción como unidad narrativa. Ejercitación.
Análisis de texto dramático. Análisis del texto no-dramático.
3. Lo Arquitectónico. Espacios virtuales, espacios reales.
Aspectos denotativos y connotativos de los espacios.
4. Lo visual. Los materiales. Las texturas. Los colores. Las formas.Los volúmenes. La luz. Las líneas. La escenografía. Ejercitación.
5. El sonido. El texto como sonido.Tres parámetros: altura, velocidad, intensidad. Combinatorias. La música en el teatro. Problemas del sonido conocido. Ejercitación.
6. El discurso de la puesta en escena. La práctica: Trabajo sobre textos. La dirección de actores.


SEMINARIOS TEMÁTICOS del TALLER DE PUESTA EN ESCENA
Coordinadores: RUBÉN SZUCHMACHER y GRACIELA SCHUSTER
Destinado a todos aquellos que hayan cursado por lo menos el Primer año del Taller de Puesta en Escena.
Requisito de inscripción: Entrevista a concertar
Arancel: $250.-
Horario: Miércoles de 11:00 a 14:00
Iniciación: 1º de abril de 2009
Programa: Puesta en escena sobre textos dramáticos y sobre textos escritos por los propios participantes.
Análisis y práctica de la dramaturgia, el espacio, lo visual, lo sonoro, la actuación.


ENTRENAMIENTO ACTORAL
Coordinación: RUBÉN SZUCHMACHER y FRANCISCO CIVIT
Destinado a estudiantes de teatro avanzados y actores
Horario: Lunes de 19:00 a 22:00
Taller Primer cuatrimestre: comienza el 23 de marzo de 2009
Requisito de inscripción: Envío de Currículum a elkafkacursos@netizen.com.ar y entrevista previa a concertar.
Arancel: $250.-
Temas: El texto como materia. Correspondencia texto- cuerpo – pensamiento.
La acción en la palabra.
La forma de la palabra y su ritmo.
Entrenamiento con textos de Tragedia Griega y Siglo de Oro Español.
Durante este cuatrimestre se trabajará además textos de autores no dramáticos: Borges, Ocampo, Bioy y textos dramáticos de románticos alemanes: Schiller, Goethe, Büchner

07 enero, 2009

ENTREVISTA EN AMERICA VIVA, revista digital


Esta entrevista salió publicada en AMERICA VIVA, el portal de la cultura latinoamericana






ARGENTINA:
Entrevista a Rubén Szuchmacher, director de teatro.

"La obra refleja mi enojo por el fracaso de un país".
Rubén Szuchmacher es actor, director y gestor teatral argentino de dilatada trayectoria. Presenta en Santiago de Chile la obra Hijos del Sol, en el marco del Festival Internacional Santiago a Mil.
Por Patricia Herrera S.


Francisco Civit, Andrea Jaet, Karina Antonelli, Pablo Caramelo, Javier Rodríguez e Irina Alonso







Te presentas en esta oportunidad en Santiago con "Hijos del Sol" una obra de 1905 del dramaturgo ruso Máximo Gorki, que es una obra de critica social, hacia los intelectuales de un país. ¿Por qué decidiste montar esta obra?
Máximo Gorki es conocido por obras como Pequeños burgueses, Bajos fondos y por su novela La Madre. Hijos del Sol es una de las obras menos conocidas de él, precisamente porque muestra una visión crítica con respecto al pensamiento progresista de izquierda de esos años. Uno de los motivos para elegirla, además de lo que tiene que ver con la cantidad de actores, de lo que ya hablaremos más adelante, tiene que ver con cierto enojo que yo tengo en este momento, parecido al que pudo tener Gorki con los revolucionarios de 1905. En relación a ese bla bla de creer que entendemos la realidad y el mundo y luego a la hora de hacer algo, las cosas no cambian. En mi país, el progresismo como el de la obra, fracasó; y estoy enojado con ese fracaso. Yo creo que el fracaso no fue como lo que pasó en la época de la dictadura que nos reprimieron con armas y desapariciones, el progresismo posterior a ese periodo fracasó por sus propias limitaciones, por no poder pensar una idea de país más justo donde devino corrupto. La obra es eso, es una invitación a pensar que de nada sirve sólo el discurso, hay que llevarlo a la práctica, no puede ser que una epidemia de cólera (como se muestra en la obra) deje a la gente sin ningún tipo de arma para enfrentarla. Los personajes, los intelectuales, se asustan con esto, creen que la gente pobre es horrible y finalmente no se entiende nada de lo que se tiene que entender. Gorki se anticipa con esta obra a algo que en general la misma izquierda no entendía en su época, la obra resultaba extraña, ahora es posible ser escuchada y entendida.

¿Tú crees que así como Gorki se adelantó a una revolución, a un estallido popular, nos encontramos actualmente en una situación parecida?

Yo creo que si, pero no sé para donde vamos, no tengo ningún pronóstico, yo creo que la caída del capitalismo a manos del propio capitalismo inevitablemente va a llevar al mundo hacia algún lugar, a algo que no conocemos actualmente. El momento que ahora estamos viviendo de caída del capitalismo me atrevo a decir, -es un atrevimiento lo que voy a decir-, de una caída del paradigma económico fundamental. Que hay después de esto, no sé, pero que viene algo distinto, viene. Puede ser mucho mejor o peor, no lo sé.


¿Tú dirías entonces que Hijos del Sol tiene una vigencia muy fuerte y en cierto sentido es premonitoria?


Digamos que si, yo creo que en algún punto la obra puede tocar algo que hoy por hoy el espectador contemporáneo ve como parte de sus preocupaciones. El teatro llega hasta cierto punto, propone temas, que si el público quiere lo toma y reflexiona si tiene ganas, el teatro no puede ir más allá de eso.

Esta es una obra de teatro independiente que cuenta con la participación de 19 personas en escena, algo excepcional para el teatro por la gran cantidad de actores, cuéntanos un poco sobre esta compañía, como ha sido la gestación y continuidad de esta obra.


Si, en realidad es algo excepcional, sobre todo viniendo de un país como Argentina que no tiende a preservar los grupos actorales. Antiguamente en Latinoamérica los grupos teatrales tendían a conservarse, pero el mercado, la TV y el cine fueron rompiendo esto, aparecieron algunos elencos oficiales que eran pagados por el estado, pero también dejaron de existir. La idea de la grupalidad está puesta en crisis, las dictaduras pusieron en crisis la grupalidad, la solidaridad. Nosotros hemos venido trabajando juntos desde hace 10 años más o menos, varios actores de los que están aquí trabajaron en el año 99 en una versión que hice de Galileo Galilei, de Brecht, y se ha dado una sucesión de espectáculos: seis actores de los que están aquí trabajaron en "El Siglo de oro del peronismo" que ganó el Premio Ace de Oro de la Asociación de críticos de espectáculos, luego, con algunos más, hicimos Las Troyanas.
La característica de esta compañía es la gran cantidad de actores, hemos podido hacer teatro independiente de esta manera, que en Argentina es más común para los espectáculos públicos, oficiales. Otra característica del grupo es que todos en algún momento de su trayectoria entrenaron conmigo. Esto permite que tengamos un código común a la hora de trabajar, ha habido un tiempo previo. La gente ya viene a trabajar conmigo formada, no es que hayan partido de cero. Por ejemplo, Pablo Caramelo, el protagonista de la obra, es ayudante mío en las clases de actuación y es profesor en la Escuela nacional de teatro, junto con Francisco Civit, el que hace de pintor en la obra, que también es profesor en el ElKafka espacio teatral.
Intentamos generar un código común de trabajo, lo que no es frecuente cuando las compañías tienen más de 5 actores, ya con el sexto actor siempre hay problemas. Es difícil mantener una compañía por el tema económico principalmente, por lo que yo soy flexible en este sentido, si alguien tiene un proyecto afuera, lo hace, aún cuando con esta obra nos ha ido bien, fue estrenada en abril del año pasado (2007) con un promedio de tres funciones por semana. En este momento estamos preparando dos proyectos más.







Pablo Caramelo e Irina Alonso








Además de dirigir, tú haces docencia y eres actor, ¿sigues con la actuación?

En 2007 filmé una película (Mentiras Piadosas, de Diego Sabanés), pero mi labor principal en este momento es la dirección.

¿Dirigir es lo que más te gusta?

No, a mi actuar me gusta muchísimo, pero me exige una detención, un cuidado sobre mi mismo que no estoy en condiciones de poder darle a la actuación en este momento. Yo además dirijo un festival internacional de teatro (el Festival Internacional de Buenos Aires, FIBA) y dirijo un espacio teatral (Elkafka), coordino la carrera de dirección en el IUNA (Instituto Universitario de Arte), soy profesor de tres maestrías, hago clases en instituciones públicas y privadas también. Actuar y dirigir son para mí dos placeres diferentes, que se complementan, no podría dejar ninguno de los dos.

¿Que te ha parecido Santiago a Mil, la respuesta del público hacia Hijos del Sol?

El público me ha parecido fantástico, ha sido muy receptivo, muy bueno. Es muy bueno poder aportar diversidad a la cartelera santiaguina. En Argentina, enero es una época muy rara para hacer teatro, allá seria impensable.

En Santiago ya es una tradición, enero es sinónimo de teatro...

Para nosotros enero es para la playa. Entonces me parece muy interesante. Este festival fue muy generoso con nosotros, porque se la jugó por una obra que ningún festival se la hubiera jugado...

¿Por qué?

Por el hecho de traer 19 actores, 24 personas en total, porque no tuvimos ningún apoyo del gobierno argentino, cuando Carmen Romero (de Santiago a Mil) nos invitó, ella siguió adelante y quiso traer la obra a pesar de no contar con el apoyo que pensamos íbamos a tener desde Buenos Aires.

Tú, como mencionabas, eres además director artístico del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), que es organizado por el Ministerio de Cultura de Buenos Aires y director de ElKafka espacio teatral, cuéntanos un poco sobre la situación del teatro argentino actual y como lo ves a futuro.

Bueno, este es un tema largo de conversar. Buenos Aires, porque Argentina es otro tema, Buenos Aires, tiene desde hace muchos años tres circuitos muy bien establecidos, que son el circuito privado, o sea comercial; los teatros públicos y el circuito independiente. Antes tenían definiciones muy claras, el teatro independiente era muy ideológico, muy artístico. Hoy ocurre un fenómeno muy interesante y muy tremendo, el teatro público empezó a decaer, porque dejó de haber una política estética clara.

¿Desde cuando ha pasado esto?

Los últimos 8 años más o menos, y es porque no ha habido recambio en las generaciones. Hay, eso si, una enorme actividad en el teatro independiente, muchas salas de teatro, mas de 180 salas pequeñas de 20 o 30 espectadores, hay una especie de fervor, que en un primer momento fue fantástico, pero que ahora está mostrando su falta de técnica, tanto de la infraestructura de los teatros como de los actores. Se ha ido deteriorando lentamente. En otras sociedades como Chile o Uruguay, empezaron a tomar algo de esto, pero con gente mejor preparada. Hay una decadencia de la Argentina, de Buenos Aires que también se nota en el teatro. Buenos Aires siempre ha sido una ciudad muy teatral, la ciudad con más teatro de Latinoamérica y cuando el teatro decae se nota más que en otras partes. Ha tenido otras épocas de caídas estrepitosas y auges muy grandes también. En los años 30 por ejemplo, se produjo una banalización del teatro, entonces aparece el teatro independiente, pero muy incipiente.
Esta es una visión personal, otras personas van a tener una visión más optimista, pero creo que es un momento de decadencia de una modalidad de hacer teatro, en la que desaparece el director, a manos de las personas que escriben y dirigen sus propias obras, esa desaparición del autor como entidad. Estos fueron buenos como experimentos en un momento, con ejemplos fantásticos, pero cuando esto pasa a ser una moda, se comienza a degradar.
Aparece una dramaturgia y una temática, por ejemplo de las familias disfuncionales, yo le digo a esto el efecto Coleman, que ha sido la obra mas conocida, ("La omisión de la Familia Coleman", de Claudio Tolcachir) que se puso como una moda, mostrando siempre alguien disfuncional en la familia, los primos o los sobrinos, es una mirada muy restringida de un momento, mientras el país se cae a pedazos y a mi lo único que me importa en una obra de teatro es que llegó mi primo del campo. Hay una banalización muy grande en las temáticas, un ombliguismo, no ver más allá. Ésta, en realidad (Hijos del Sol) no es una obra muy política, es una obra organizada y pensada por un autor muy bueno, que tenía algo que comunicar y con técnica, por eso me sorprende cuando dicen que es una obra muy política.
Por eso digo que estoy enojado con mi país porque creo que es momento que comencemos a mirarnos entre nosotros en cuanto a las responsabilidades como nación.




Pablo Caramelo, Karina Antonelli e Irina Alonso





AmericaViva, Enero 2009.

29 diciembre, 2008

Balance Teatral 2008 en Página 12






















Lunes, 29 de Diciembre de 2008
TEATRO

UN BALANCE DE LOS EXITOS Y LAS APUESTAS DE RIESGO DE 2008
por Hilda Cabrera


Opinión
Las cuentas pendientes

Por Rubén Szuchmacher
El año 2008 termina con algunas cuentas pendientes en la escena teatral porteña.

Por un lado, la falta de una respuesta adecuada al problema de las habilitaciones de los teatros independientes por parte del Gobierno de la Ciudad, a pesar de los esfuerzos del ministro de Cultura, Hernán Lombardi. Todavía la mayoría de las salas no pudo regularizar su situación, protegidas hoy en día por un decreto perecedero en mayo del año que viene. Las salas padecen la falta de una verdadera política estatal de ayuda para salvar de la segura desaparición a decenas de espacios.

Por otro lado, la lenta e inexorable caída de los teatros estatales, tanto municipales como nacionales, con sus programaciones erráticas y faltas de criterios artísticos, van dejando un enorme vacío en una ciudad faro en cuanto a la acción de los teatros públicos en otros tiempos. Sería bueno que se hiciera un verdadero debate sobre el modo de conducción que deberían tener esas instituciones, hoy adornadas con andamios supuestamente reparadores de la infraestructura, pero carentes de ideas (y también de presupuestos).

Y para terminar, es notable la incertidumbre que genera el cierre del Teatro Colón, el que, más allá de las palabras de uno o de otro sector, se debate entre la vida y la muerte. El Buenos Aires teatral no se merece esta situación.


17 octubre, 2008

POLONIA 2008

Museo Witkiewicz

























Entre Tadeusz y Juan Domingo



















Ghetto de Varsovia


















Fotos de Octubre de 2008

11 septiembre, 2008

JAIME RUBÉN SZUCHMACHER


Ayer, 10 de septiembre, a las diez de la noche, Jaime Szuchmacher, mi padre murió. Se fue lentamente, con sus 91 años a cuestas. Con su orgullo de haber nacido en el año de la Revolución de Octubre.


Por ahora, hablar de su muerte me es imposible, pero valga este recuerdo.

03 agosto, 2008

LA GRACIA, en el Parque España, Rosario




Rosario
Domingo 3 de agosto de 2008
Espectáculos

Indagaciones sobre los Mandamientos
El director Ruben Szuchmacher habla de “La gracia”, de Lautaro Vilo, obra que integra el proyecto porteño “Decálogo”, curado por Matías Umpierrez.




“El teatro tiene que volver a ser algo entretenido, interesante”, dice Szuchmacher. Télam





A partir de agosto, el Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río) buscará reposicionar en lo que queda del año y en el próximo, un espacio que supo de programaciones gloriosas en materia teatral. Es así que, a partir de la gestión que lleva adelante Martín Prieto, la sala albergará una atractiva programación que arrancará esta noche, a las 21.30, con el estreno en Rosario de La gracia. Amarás a Dios por sobre todas las cosas, dirigida por Rubén Szuchmacher a partir de la dramaturgia de Lautaro Vilo. En la cartelera más inminente figura también la presentación de la actriz española Antonia San Juan (jueves 14, a las 21, conocida mundialmente por encarnar al travesti de Todo sobre mi madre, de Almodóvar) con su unipersonal Las que faltaban. La gracia, que cuenta con las actuaciones de Berta Cagliano y Juan Manuel Torres, forma parte del ciclo Decálogo, indagaciones sobre los Diez Mandamientos, curado por Matías Umpierrez para el porteño Centro Cultural Ricardo Rojas. Unpierrez se propuso montar diez puestas cuyas dramaturgias surgieran a partir de los Mandamientos entregados a Moisés en el Monte Sinaí. Junto con La gracia, se estrenaron en mayo Todos los miedos, de Romina Paula por Mariana Chaud, y El amor perfecto de dos paraguas disfuncionales, por Andrea Garrote, de la mexicana Concepción León Mora, que llegarían al Parque de España en octubre. Recientemente, se sumaron Tras nosotras la lluvia. Honrarás a tu padre y a tu madre, del español Jerónimo Cornelles con dirección de Andrés Binetti; Este amor es una fiesta. No matarás, de Agustina Muñoz, con dirección de Mariela Asensio, y Cuentos putos. No cometerás actos impuros, del novelista Alejandro López, con dirección de Inés Saavedra. Szuchmacher, uno de los directores y docentes más talentosos y prolíficos de su generación y desde diciembre director del Festival Internacional de Buenos Aires (Fiba) que tendrá su próxima edición en 2009, dialogó con El Ciudadano acerca de este proyecto y de su gestión, junto al cordobés Alberto Ligaluppi, al frente del evento dedicado a las artes escénicas más ambicioso e innovador que tiene la Argentina desde 1997.
—Hablando de mandamientos, ¿qué fue lo que te tentó para sumarte a “Decálogo”?
—Por un lado, siempre que uno trabaja un proyecto que desde lo temático está dentro de otro, hay una toma de partido por una parcialidad. Con esa base trabajamos, aunque ese fue quizás nuestro problema de arranque, porque nos dimos cuenta que “Amarás a Dios por sobre todas las cosas” es abarcativo de todos los mandamientos. Representarlo era como hacer una obra única. Los restantes son más restrictivos, preceptivos, en cambio éste tiene que ver con el orden de qué es amar, qué es Dios y cuáles son todas las cosas, algo tremendo (risas).
—¿Cuál fue la estrategia?
—Le huimos a la idea de un lugar común al que podríamos haber caído, que tenía que ver con trabajar algún tipo de fundamentalismo. A partir de pensar en ese mandamiento te aparecen cosas de todos los órdenes, pero queríamos algo que nos conmueva. Desechamos cosas, incluso algo ligado con Montoneros, hasta que apareció una historia muy personal: una mujer que va a perdonar a un hombre que está imposibilitado y que le hizo un daño que no fue tal. El tema es que como el ciclo aún no terminó, es difícil saber cómo se orienta o se organiza esta obra con respecto a la totalidad.
—Quizás eso sólo se conozca si en algún momento pueden convivir las diez obras.
—Precisamente, ese será uno de los proyectos que estamos barajando para el próximo Fiba, como para que en quince días se puedan ver todas las obras, algo que le daría un sentido distinto al proyecto en sí.
—Retomar los Mandamientos y una idea de historia previa, ¿tiene que ver con volver a cierto origen de las historias, a cierta universalidad?
—Quizás esto que preguntás tenga que ver con unas declaraciones mías respecto de que para mí la mayoría de la gente que hace teatro es una gente medio “tarambana”.
—Precisamente.
—En realidad, lo que estoy planteando es que el teatro tiene que volver a ser algo entretenido, interesante y que comunique algo, para dejar de lado ciertos ejercicios narcisistas, sólo gozables por aquellos que lo están haciendo y no por los que lo están viendo. Es cierto lo del origen, porque estoy reivindicando la función social que tiene el teatro y a la vez pelearle ese lugar del entretenimiento a uno que es horrible como el que propone la televisión o el mal teatro.
—¿Los teatristas serían los responsables de la pérdida de público?
—Sí, gran parte de la responsabilidad de la pérdida de público la tiene la gente de teatro. Cuando digo “tarambanas” me estoy refiriendo a esa gente que dice “yo no pienso en el público, a mí el público no me interesa”. Me parecen unos maricones aunque sean chicas (risas). Me da ganas de decirles “no hagas teatro, dedicate a pintar”. Para mí, aquél que decide hacer teatro no puede no pensar en aquello que pasa en relación con el público, no se puede hacer teatro para un grupo de acólitos y después preguntarse porqué no va la gente. Hay gente que no va al teatro porque lo que le ofrecen no le interesa, y creo que tienen razón.
—¿Esa apreciación la terminaste de confirmar a partir de sumarte a proyectos más o menos comerciales como el caso de tu reciente versión de Muerte de un viajante?
—Algo de eso hay, más allá de que mis producciones han estado siempre ligadas al sistema teatral que las contiene. Yo no hubiera hecho la versión de Muerte de un viajante que monté en La Plaza (y que 5, 6 y 7 de setiembre se presentará en El Círculo) si la propuesta hubiese venido del San Martín. Creo que tiene que pasar algo para que el público al que está destinado el espectáculo adhiera, se emocione o le pase lo que le tenga que pasar, y no burdamente. Por ejemplo: en Muerte de un viajante hay ciertos elementos de modernidad que se vuelven una ruptura, pero lo que tiene que estar, está. Y además hay que entender que el público es mucho más sagaz de lo que uno cree.
—¿Tienen pensado un cambio de rumbo para el Fiba, con una impronta más iberoamericana que europea?
—Intentamos no ver sólo el teatro que proponen los festivales. Eso cuesta un poco, porque las organizaciones quieren que veas los espectáculos de festivales y no el de las ciudades. Y en el caso de la región, queremos que el Fiba mire a Latinoamérica, algo que hasta la fecha no tuvo importancia para este evento. La idea es plantearnos una discusión con países centrales en materia teatral como Francia o Alemania, para que no nos impongan propuestas. Al mismo tiempo vamos a abrir una puerta grande al teatro de Buenos Aires y al del interior del país que también estaba un poco olvidado.
—¿Cómo se hace para repartir el tiempo entre el manejo de una sala, la dirección de espectáculos, la docencia, y ahora la dirección del Fiba?
—No sé. Sí hay algo que me habilita a producir mucho y que en mi vida es normal. Si lo pienso, creo que tiene que ver con que en muchos casos soy la cabeza visible de equipos de trabajo. En El Kafka está toda la gente de la cooperativa, en el teatro comercial trabajo con el Complejo La Plaza, que son lo mejor, y ahora en el Fiba trabajo conjuntamente con Alberto Ligaluppi y un gran equipo. Estoy convencido de que solo no puedo hacer nada. Cuando estoy solo, me gusta hacer cualquier cosa menos teatro.
Miguel Passarini
Crítica
A instancias de un corazón iluminado

CRÍTICA TEATRO - Con “La gracia. Amarás a Dios por sobre todas las cosas”, la dupla Szuchmacher-Vilo consigue una propuesta singular y de corte clásico.


En “La gracia”, una mujer se enfrenta a quien fuera su victimario, que está postrado.







por Miguel Passarini

El discurrir acompasado de una confesión dolorosa pero iluminada, un monólogo dicho frente a un espectador “privilegiado” que nada puede responder dada su condición, y el perdón, la redención (¿el amor a Dios?), algo sobrenatural que “todo lo puede”, incluso aquello que puede parecer imposible, inhumano. Con estos elementos está construido La gracia. Amarás a Dios por sobre todas las cosas, el primero de los espectáculos basados en los Diez Mandamientos que fueron entregados a Moisés (un proyecto que lleva adelante el porteño Centro Cultural Ricardo Rojas), que el viernes por la noche se presentó en la sala Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España inaugurando una temporada que promete más teatro en lo que queda del año (enhorabuena).En La gracia, una mujer se enfrenta a quien fuera su victimario, que está postrado, vendado de pies a cabeza, casi inerte. Viene para perdonarlo, para decirle que aquello por lo que fue juzgado, a ella, de algún modo, le salvó la vida cuando intentaba quitársela tomando pastillas. En su discurso (estupendo trabajo de Berta Gagliano), se van develando los entretelones de un vida gris, marcada por “otros sometimientos” familiares que hicieron de ella un ser triste, opaco, aunque dispuesto a redimirse a través de un perdón incomprendido para los demás.El de Lautaro Vilo (Un acto de comunión) es un texto sin grietas, preciso en su estructura. Un monólogo que, dada la inteligente puesta de Rubén Szuchmacher, deja de ser tal, para volverse un trabajo con cierto sentido operístico, en el que confluyen las tensiones necesarias para que lo que se cuenta adquiera sentido. El despojamiento y la presencia de unos pocos objetos que buscan reconstruir un ámbito hospitalario sin olvidar (por suerte) que se está sobre un escenario, le dan a la puesta una impronta de instalación (sobre todo, por la presencia de la cama), a lo que se suma el sustento lumínico resuelto con el talento que caracteriza los trabajos del diseñador de luces Gonzalo Córdova.Es así que en La gracia, la dupla Szuchmacher-Vilo consigue una propuesta singular, cargada de giros extremadamente teatrales, pequeños signos, detalles de pura teatralidad. Pero sobre todo, el trabajo responde a una forma de teatro clásico (que por suerte se aleja de cierta tilinguería de la escena porteña contemporáneo), no porque no arriesgue nada, por el contrario, lo riesgoso pasa aquí por la historia, por la temática y por el modo de contarla. El riesgo está omnipresente en el debate ético que se está mostrando y que desde la singularidad de un pequeño conflicto remite a la consigna del proyecto general curado por Matías Umpierrez, sobre todo si se tiene en cuenta que el primero de los mandamientos, “Amarás a Dios por sobre todas las cosas”, es en cierto modo abarcativo de los nueve restantes. Del ciclo, que sigue en marcha en Buenos Aires (ya fueron estrenados los primeros seis, los cuatro restantes se conocerán en 2009), posiblemente lleguen al Parque de España en octubre algunas de las propuestas restantes. De ser así, ya con una pata en Rosario, Decálogo, indagaciones sobre los Diez Mandamientos se volverá una cita imperdible para aquellos que gustan de ir al teatro a que le cuenten una historia.


Viernes, 1 de Agosto de 2008

"La Gracia", de Lautaro Vilo con dirección de Rubén Szuchmacher
Visitas relevantes en el CCPE

Hoy sube a escena en el teatro del Parque de España, una obra dirigida por el prestigioso director porteño Szuchmacher. El jueves 14, llega la talentosa actriz Antonia San Juan, recordada por su participación en el film "Todo sobre mi madre" de Almodovar.

Por Julio Cejas

Agosto propone al público rosarino una tentadora cartelera teatral con visitas relevantes tanto nacionales como internacionales, al frente de propuestas que vienen precedidas del reconocimiento de la crítica y el público amante del buen teatro. En ese contexto destaca la programación del Centro Cultural Parque de España que arranca hoy con la presencia del prestigioso director porteño Rubén Szuchmacher, con su último trabajo: La Gracia. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
La obra estrenada en mayo de este año, forma parte del ciclo Decálogo que nace a partir de una idea de Matías Umpierrez, curador y coordinador del Area Teatro del Centro Cultural Ricardo Rojas de Buenos Aries. Umpierrez convocó a diez directores y diez dramaturgos para trabajar a partir de los Diez Mandamientos entregados a Moisés en el Monte Sinaí, el universo de la teología moral.
Las diez obras teatrales se proponen "dialogar con la intención del mandamiento original", y la primera es precisamente la que se verá esta noche a las 21.30 en el Teatro Príncipe de Asturias. La Gracia, escrita por el actor y dramaturgo Lautaro Vilo, está interpretada por Berta Gagliano y Juan Manuel Torres y plantea la historia de una mujer que visita a un hombre postrado en una habitación de un hospital. Según adelantan sus responsables, "ese hombre está muy grave, pero ella también lo ha estado y ahora llega para perdonarlo y darle fuerza para salir adelante .
Szuchmacher vuelve a presentarse en Rosario después de varios años y en el mismo escenario donde cosechara el aplauso del público local dirigiendo a dos de sus actores fetiches: Ingrid Pelicori y Horacio Peña en puestas memorables como Decadencia, de Steven Berkoff, Polvo eres, de Harold Pinter y Amor de Don Perlimplin con Belisa en su jardín, de García Lorca.
Entre su frondoso curriculum, Szuchmacher, recientemente nombrado Director del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), fue en 1998 el Director Artístico del Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad de Buenos Aires. En ese mismo año creó "El Festival del Rojas", que dirigió hasta el año 2002. Desde 1999 es profesor titular de la cátedra "Gestión en artes performáticas", en la Especialización en Gestión Cultural, Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM) y desde 2004 es profesor titular de las materias "Espacio Escénico Iº y IIº", en el IUNA.
Entre la extensa lista de obras que dirigió pueden mencionarse entre las más destacadas por la crítica El Siglo de Oro del Peronismo, Las Troyanas, de Eurípides en versión de Jean Paul Sastre, y dos trabajos que tuvieron a Alfredo Alcón como protagonista: Enrique IV, de Pirandello y Muerte de un viajante, de Miller.
De Vilo se conocieron en Rosario dos trabajos interesantes: como actor en La Pornografía, de Gonzalo Martínez y como director en Un acto de comunión, propuestas que el año pasado integraron el Ciclo de Teatro Nacional, organizado por el Centro de Expresiones Contemporáneas.
Dramaturgo, docente y actor, con más de una decena de obras entre las que se puede mencionar Alto Valle, La muerte del ratón más famoso del mundo y Cáucaso, Vilo trabajó bajo la dirección de Rubén Szuchmacher, en Enrique IV, de Pirandello.

09 julio, 2008

HOMENAJE A DANIEL BRARDA


















DEL AMOR
El martes 8 de julio a las dos y media de la tarde, Daniel Brarda murió en el Hospital Alemán después de padecer un cáncer de pulmón.
Este dato puede no ser demasiado significativo salvo para las personas que lo conocieron. Sin embargo es necesario contar a toda la comunidad teatral que gracias a Daniel Brarda es que existe Elkafka espacio teatral.
Daniel no era ni actor, ni director, ni autor; era un apasionado del trabajo y de los emprendimientos.
A fines del año 2003, el dueño del predio en donde estaba el teatro “Del Otro Lado” anunció que no renovaría el contrato de alquiler para el período 2004-06, y que vendería la propiedad al mejor postor.
Luego de haber invertido dinero en ese teatro, sin saber de la no renovación del contrato, nos sentimos defraudados y yo, sobre todo desesperado porque no tendría donde estrenar El Siglo de Oro del peronismo, que en definitiva era el verdadero motivo de haber entrado en contacto con la gente que llevaba adelante la sala de la calle Lambaré.
Y fue en ese momento, de angustia y bronca, en el que Daniel, en un acto de arrojo, me propuso que compráramos la propiedad y fuésemos los nuevos dueños del predio, así el teatro podía seguir funcionando.
Juntando dólar sobre dólar, pudimos concretar la compra a fines de noviembre de 2003. Y meses después se comenzaría a funcionar ya como Elkafka espacio teatral.
Por eso es importante que todos los que hacen teatro conozcan esta historia de alguien que por amor se puso entero al servicio de un emprendimiento de un teatro que jamás daría rédito alguno, salvo del orden de lo artístico y que día tras día, hasta que no pudo ir más a trabajar, se brindó entero para que el teatro estuviera lo mejor posible.
Daniel Brarda fue el motor para que hoy Elkafka espacio teatral siga existiendo y por eso le dedico este homenaje.

Rubén Szuchmacher

28 mayo, 2008

HIJOS DEL SOL, de Máximo Gorki


Una producción de Elkafka espacio teatral

HIJOS DEL SOL

de Maximo Gorki
Dramaturigia y dirección: Rubén Szuchmacher

Estreno : 28 de mayo de 2008
Miércoles, Viernes y Sábados a las 21hs
en Elkafka espacio teatral, Lambaré 866

20 mayo, 2008

SECCIÓN FAN en RADAR




















Fan>
Un director de teatro elige su obra de teatro favorita: Rubén Szuchmacher y Café Müller, de Pina Bausch.

LA MEJOR DE LAS PASADAS
por Rubén Szuchmacher

Fue por el año 1980. Y aunque estábamos en plena dictadura, algunos de nosotros acudíamos enloquecidos a cualquier manifestación artística que nos recordara la idea de la libertad. Digamos que no nos dábamos mucha cuenta del horror. Eso vino después. Digo, darse cuenta de la dimensión exacta de ese horror. Sabíamos lo que pasaba, pero no podíamos ponerle palabras. Para nombrar las cosas, entonces, estaban las obras de teatro o de danza, las películas, las músicas. Sigue habiendo discusiones sobre esto y está muy bien, y aunque este no es el lugar para seguir la polémica, igual me prendo, porque, sobre este tema, la gente de nuestra edad está hablando siempre.
Decía que fue por esos años que llegó la información de que en el Teatro General San Martín se presentaba una compañía alemana llamada Tanz Theater Wuppertal. Algo había leído en una revistita que circulaba por los Institutos Goethes y que contaba sobre las experiencias renovadoras del teatro-danza. Era difícil saber exactamente de qué se trataba porque la moda de lo alemán no se había instalado. Pero ahí fuimos, seguros de que veríamos algo que valdría la pena.
Si mal no recuerdo, la compañía presentó dos programas: uno con la obra Kontakt Hof (Patio de Contacto), con la típica sucesión de números que ha caracterizado a muchas de las obras de Bausch: esas rondas maravillosas, con músicas populares diversas, mientras los interpretes hacen juegos de brazos sumamente difíciles e inquietantes. En el otro programa, además de la increíble Consagración de la primavera, se presentó: Café Müller, del año 1978, o sea que cuando se vio en Buenos Aires, la obra llevaba tan sólo dos años de creada.
Allí hay imágenes inolvidables: la propia Pina Bausch, tan alta y delgada como una deidad, envuelta en una túnica blanca, bailando la música de Purcell, con los ojos cerrados, alejada de lo que sucede en la escena, estrellándose literalmente contra una pared lateral; la desesperación de Malou Airaudo y Dominique Mercy dominados por Jan Minarik, y sus juegos de interminables repeticiones. Además Meryl Tankard, con peluca pelirroja y con tacos circulando como perdida por la escena. Pero de entre los personajes de la obra, hay uno que no olvidé jamás. La escena está llena de sillas de bar y Jean-Laurent Sasportes las va corriendo enloquecidamente para que Malou no se las lleve por delante durante una parte importante de la obra. Un acto simple: correr sillas con cierta energía para que otro no se haga daño. Y he aquí lo que me pasó aquella vez, mi primera vez, viendo Café Müller, en el San Martín, en el año 1980: hasta la mitad de la obra, trataba de capturar la estructura, el modo en que estaba hecha, es decir, me puse en técnico que trata de saber (y no gozar) como está hecha una pieza. Pero la obra me jugó una mala pasada –la mejor de las pasadas-, porque exactamente a la mitad de la coreografía, en medio de una secuencia donde ese bailarín vestido de traje de calle, corría sillas, y Purcell ululaba en el fondo, los taquitos de la pelirroja sonaban insistentes y la Bausch volvía una vez más a darse con la cabeza en la pared, en medio de todo eso, sin poder contenerme, comencé a llorar intensamente, a llorar algo que no sabía que era, a llorar todo el desgarro posible. Nunca supe exactamente qué fue lo que pasó en ese momento. Nunca lo pude reconstruir. Y tampoco era importante, si se trata de arte. Lo que sé es que esa obra me marcó para siempre, porque me agarró desprevenido, porque me hizo ir a un lugar que ni siquiera imaginaba.
Tuve que volver otro día para poder ver la obra en su totalidad. Hoy gracias a los videos y los Dvd’s puedo volver a ver las imágenes de aquella versión, la original, que recomiendo calurosamente. Para los que no tengan acceso a aquellas imágenes se deberán contentar con ver un fragmento de la obra en Hable con ella, de Pedro Almodóvar, en la que se ve una secuencia de Café Müller, con los mismos bailarines: Malou, Jean-Laurent, Pina… pero más viejos, mucho más viejos. Como yo.

04 mayo, 2008

LA GRACIA, en el Rojas





Decálogo, indagaciones sobre los diez mandamientos
El decálogo son aquellos 10 mandamientos de la ley de Dios que llegaron a las manos de Moisés en el Monte Sinaí y que fueron dados al hombre como principios o normas básicas para el ejercicio de cualquier actividad.Ahora 10 directores y 10 dramaturgos indagan sobre este universo de la teología moral, dando como resultado 10 espectáculos teatrales que, en cada caso, dialogan con la intención del mandamiento original.En su entrega inicial, durante el mes de mayo, presentamos los tres primeros mandamientos, a cargo de Rubén Szuchmacher, Lautaro Vilo, Romina Paula, Mariana Chaud, Andrea Garrote y la mexicana Concepción León Mora.
Matías Umpierrez

Sábados 3, 10, 17, 24 y 31 y Sábados 7, 14, 21 y 28 de junio, 21 hs.
Sala Batato Barea, Entrada: $ 20

I. Amarás a Dios sobre todas las cosas

LA GRACIA


Dramaturgia: Lautaro Vilo
Dirección: Rubén Szuchmacher

Una mujer visita a un hombre postrado en una habitación de hospital. Él está muy grave. Ella también lo ha estado. Viene a perdonarlo. A darle fuerzas para salir adelante.



“Entiendo a los mandamientos como instrucciones. En el primero está el objetivo central, que es mantenerse en el camino de la fe cristiana. Los restantes son sus aplicaciones específicas para poder lograr el primero: no matar, no robar, honrar las fiestas, etc. En esta lógica de las instrucciones aparecía el problema: si el primer mandamiento contenía los restantes, ¿en qué consistía su especificidad? ¿De qué se trataba “amarás a Dios sobre todas las cosas”? ¿Quién es el sujeto que ama, y en qué acción se traduce ese verbo? Donde está el depositario de ese amor y qué cosas son “todas las cosas”. En la resolución poética de estos interrogantes, empezó a configurarse esta obra”.
Lautaro Vilo

Elenco: Berta Gagliano, Juan Manuel Torres
Asistente de dirección: Alejandro Vizzotti
Diseño de Iluminación: Gonzalo Córdova
Escenografía y vestuario: Jorge Ferrari
Texto: Lautaro Vilo
Dirección: Rubén Szuchmacher

Críticas

15 de mayo de 2008 Revelar la verdad
Obra con dramaturgia de Lautaro Vilo y dirección de Rubén Szuchmacher
Por Mónica Berman


En el principio era la oscuridad pero no el silencio. La música abre las puertas de un universo aún desconocido.Cuando se hace la luz emerge la contradicción: cierto mobiliario, un ser vendado de manera íntegra, estaqueado en una cama, la clara actitud de una visita, nos remite a un hospital. Pero estos personajes y objetos están enmarcados y el marco construye otras referencias.La mujer enseguida comienza a hablar y ya no habrá de detenerse. El primer gesto del hombre, inmóvil ante la voz de ella, es constituirse en un temblor, la presencia, es evidente, le produce miedo, tal vez, el grado sea aún mayor, pánico.¿Ella será peligrosa? No más preguntas. La indefinición, tal vez, la contradicción patente se produce en la conjunción del espacio, la iluminación y el relato.Si había una percepción de hospital, la construcción no apela a una sinécdoque (una serie de objetos y sujetos en lugar de la totalidad imposible de representar) porque el artificio queda en primer plano, no hay posibilidad de inferir, solamente, centro de salud porque es imposible eludir el marco. El diseño de luces de Gonzalo Córdova, rechaza toda probabilidad de que ese hospital sea verosímil como tal.De manera evidente ciertos signos construyen un referente: sanatorio y otros signos articulan otro ¿un lugar de interrogatorio? ¿un teatro? ( todo el tiempo ella aparece como iluminada fuertemente para que otros la miren, para ser objeto de focalización)Por otro lado, esta luz que no es la única pero que predomina, revela los detalles de todo el espacio que rodea la escena y la constituye como tal. Se percibe el escenario y dentro suyo el recorte, el lugar en el que uno de los personajes permanece y el límite hasta donde el otro personaje se desplaza.Ahora bien, existe una historia, compleja por cierto, con idas y venidas, con un trabajo sobre la ambigüedad que juega magistralmente con los indicios, porque la que habla no busca ocultar sino descubrir pero su palabra es caótica y desordenada, y la “verdad” se revela a medida que se devana el ovillo enredado y confuso de su decir.El trabajo de Berta Gagliano es impecable. Porque construye un diálogo donde no lo hay, el hombre, Juan Manuel Torres, está absolutamente mudo. Ella se asume como andamiaje para sostener la voz ausente del otro, del que escucha, del que no habla pero es fuerte presencia para producir la intervención.Es absolutamente indispensable callar sobre el contenido del relato, sobre la historia que se entreteje cuidadosamente. Sí se puede revelar que, argumentativamente, algo puede devenir en su contrario, pero sin perder identidad.Como diría Deleuze “El buen sentido es la afirmación de que, en todas las cosas, hay un sentido determinable; pero la paradoja es la afirmación de los dos sentidos a la vez.”La gracia, dirigida por Rubén Szuchmacher, se construye como una paradoja, en los términos que acabamos de mencionar. Lo demás no es silencio, es música.



Viernes 16 de mayo de 2008
Amarán el teatro sobre todas las cosas
La gracia, un impecable trabajo de Lautaro Vilo y Rubén Szuchmacher que forma parte del ciclo Decálogo


La gracia, amarás a Dios sobre todas las cosas, de Lautaro Vilo. Dirección: Rubén Szuchmacher. Con Berta Gagliano y Juan Manuel Torres. Ayudante de dirección: Alejandro Vizzotti. Diseño de iluminación: Gonzalo Córdova. Escenografía y vestuario: Jorge Ferrari. En el Centro Cultural Ricardo Rojas. Duración: 40 minutos. Nuestra opinión: muy buena

El ciclo Decálogo, Indagaciones sobre los 10 Mandamientos -que organiza el Centro Cultural Ricardo Rojas y que reúne a interesantes dramaturgos y directores- comenzó con tres espectáculos. Uno de ellos es el que encararon el autor teatral Lautaro Vilo y el director Rubén Szuchmacher. A ellos les tocó la compleja tarea de resolver escénicamente el primer mandamiento: "amarás a Dios sobre todas las cosas". Como ellos son dos personas que aman el teatro por sobre todas las cosas, el resultado de La gracia , como se llama esta experiencia, es verdaderamente inquietante. Claro que explicar el argumento de este trabajo sería un pecado (término más que adecuado para una obra que reflexiona, a su manera, sobre una de las bases capitales del cristianismo) porque el misterio es clave en todo esto. De todos modos, lo que con suma inteligencia propone Lautaro Vilo en su texto es un encuentro entre una mujer y un hombre unidos por un conflicto. Más que eso: los une una situación que tanto social como religiosamente es castigada. Sin embargo, ella le tiende un lazo. Más que eso: quiero salvarlo porque siente que él la salvó y, por sobre todas las cosas, siente que debe amar a Dios. Abrir puertas Pero en esta trama nada será lineal y los datos se irán develando a medida que crece este impecable relato que incluye chispazos de humor. A lo largo de los 40 minutos que dura la obra, se van sumando ciertas claves que alumbran la trama central, que, como un potente cross de derecha, apunta al disparador central de este ciclo, creado por Matías Umpiérrez. En su decodificación escénica, el texto de Lautaro Vilo toma cuerpo en los trabajos de Berta Gagliano y Juan Manuel Torres. A decir verdad, los dos están todo el tiempo en escena, pero el personaje masculino, como se puede apreciar en la foto, yace en una cama de hospital, totalmente enyesado, lo que le impide hablar (¿hacía falta ponerlo en el escenario o es un guiño bizarro?). Sea como fuere, el peso central recae en la misma actriz, que ya sobresalió en varias puestas de Szuchmacher y de Cristian Drut. Su trabajo, sencillamente, es admirable. Cada tono, cada silencio, cada duda, cada inflexión de voz, cada mínimo gesto responde a un complejo y preciso mecanismo de relojería, contenido y explosivo a la vez. Hasta ella es capaz de hacer vibrar a una larga declaración cargada de términos jurídicos. En su interpretación toman cuerpo el maravilloso texto de Vilo y el impecable trabajo de Szuchmacher y de su equipo, compuesto por Gonzalo Córdova, en las luces, y Jorge Ferrari, en la escenografía y vestuario. En cierto sentido, La gracia es una obsesiva reflexión sobre las conductas humanas a partir de un conflicto ético que toma vida cuando los roles de víctima y victimario son cuestionados hasta sus últimas consecuencias. En ese cuestionamiento, Vilo, Szuchmacher y Gagliano no se dan respiro.
Alejandro Cruz

Notas










Ruben Szuchmacher y Lautaro Vilo hablan de su puesta La gracia, en el Rojas
Los mandamientos sobre el escenario
El ciclo Decálogo propone tres piezas sobre los principios básicos del cristianismo:


“Nos llevó meses de elaboración”, confiesan.
Por Cecilia Hopkins

El Centro Cultural Ricardo Rojas acaba de estrenar con Decálogo un nuevo ciclo de teatro, cuya particularidad consiste en haber reunido a tres dramaturgos y tres directores con el objeto de producir un espectáculo en torno a tres de los primeros 10 mandamientos, principios básicos del cristianismo presentados por Moisés, según las Escrituras, en el Monte Sinaí. Este ciclo, que continuará a lo largo del año para indagar acerca de los restantes mandamientos, comenzó el sábado a las 21 con el estreno de La gracia, a cargo de Rubén Szuchmacher y Lautaro Vilo; Todos los miedos, por Romina Paula y Mariana Chaud, y El amor perfecto de dos paraguas disfuncionales, por Andrea Garrote y la dramaturga mexicana Concepción León Mora (ver recuadro).
En una entrevista con Página/12, Szuchmacher y Vilo resumen las dudas que los acompañaron durante el proceso de escritura y ensayo: “En principio, el problema que nos planteaba este primer mandamiento, Amar a Dios por sobre todas las cosas –resume el dramaturgo– es que, a diferencia de los demás que dicen no se debe hacer tal cosa, afirma algo que es necesario hacer. Y ya se sabe que en el teatro negar es mucho más interesante que afirmar”. En los análisis previos –ninguno de los dos se considera religioso–, Vilo y Szuchmacher entendieron que, de las 10 instrucciones que implican los mandamientos, “en el primero está implícito el objetivo central, que es mantenerse en el camino de la fe cristiana”. Al admitir que “los restantes mandamientos son las aplicaciones específicas para lograr el primero –no matar, no robar, honrar las fiestas– no encontraban, sin embargo, su especificidad. “¿Quién es el sujeto que ama y en qué acción teatral podría traducirse ese verbo?”, se preguntaban. Ambos concluyen afirmando que “en la resolución poética de estos interrogantes empezó a configurarse La gracia”. La obra está interpretada por Berta Gagliano y Juan Manuel Torres. La escenografía y el vestuario pertenecen a Jorge Ferrari, y el diseño de iluminación, a Gonzalo Córdova.
–¿Cuáles fueron las primeras dificultades que les planteó este trabajo?
Rubén Szuchmacher: –Santificar las fiestas, no matar, no robar, honrar al padre y a la madre, todos brindan situaciones dramáticas maravillosas...
Lautaro Vilo: –Teníamos que encontrar un verbo específico para traducir la acción de amar. ¿Dónde amar a Dios? ¿Cuáles son las otras cosas sobre las cuales uno debería amarlo? En una lectura rápida de este mandamiento, uno puede pensar en una guerra santa, por ejemplo.
R. S.: –Pensamos que enfocarlo desde algún fundamentalismo era la tentación que nos ofrecía meternos con un tema teológico. Y quisimos corrernos de ese lugar.
–¿Tiene sentido para dos personas que se consideran no religiosas ocuparse de un tema como éste?
R. S.: –Nosotros pensamos eso mismo en un principio, pero después aceptamos trabajarlo sin caer en facilismos. Nos llevó meses de elaboración.
L. V.: –El proceso de escritura de esta obra fue el más tortuoso que tuve, por la inasibilidad del tema. Tampoco queríamos hacer una parodia de la religiosidad, sino pensar en qué consiste la doctrina religiosa del cristianismo. Y vimos que los mandamientos son instrucciones, son lo que se hace o se deja de hacer en el mundo. Y obtener la gracia divina tiene que ver con la voluntad del individuo para desarrollarse espiritualmente.
–¿Cuál fue la conclusión, entonces?
L. V.: –Para nosotros, la inmanencia de este primer mandamiento tiene que ver con el amor y la defensa de la vida, del estar sobre el mundo. El pensamiento religioso no volvió etérea esta obra, sino ligada a lo ético y lo moral. Finalmente, una religión sirve para determinar cuál es el comportamiento ético a observar.
–¿Cuál fue la situación teatral resultante?
L. V.: –No queremos revelar demasiado, pero podemos decir que hay una persona que tiene muchos problemas para estar en la vida y otra que llega para darle ánimo. La obra presenta una crisis ética en relación con la vida y la muerte. Así, el espectador debe descubrir por qué estas personas están juntas.
R. S
.: –El desafío más interesante era no escabullirle al tema, lograr que el mandamiento que nos había tocado fuese parte estructural del relato escénico. Es decir, no derrapar y terminar hablando de otra cosa. La obra tiene una densidad muy particular, especialmente si se la compara con el “tarambanismo” que hay en el teatro en este momento.
–¿En qué consiste ese “tarambanismo”?
R. S.: –En que hay una gran dificultad para trabajar ideas complejas. No voy a decir mucho más que eso... Esta obra propone, con gran austeridad, que el espectador siga con atención lo que se dice en sus cuarenta minutos de duración. La puesta se contrapone a la teatralidad desbordante que caracterizó al Rojas desde los tiempos de Batato y Urdapilleta.




3 de mayo de 2008
Sección Cultura
Rubén Szuchmacher y Lautaro Vilo

“Los nuevos creadores son tilingos”
Hoy estrenan La gracia, parte de un ciclo dedicado a los Diez Mandamientos. Y miran el panorama teatral con escepticismo.
Por Natalia Laube

Suena paradójico que dos personas apasionadamente ateas se hayan dedicado a explorar un mandamiento que incluye y le da sentido a los otros nueve. Cuando Rubén Szuchmacher y Lautaro Vilo aceptaron la invitación de Matías Umpiérrez (coordinador del área de teatro del Centro Cultural Rojas) de tomar un mandamiento para investigar su capacidad escénica en el marco del ciclo Decálogo-Indagaciones sobre los Diez Mandamientos, recibieron a cambio una tarea difícil: montar una obra de teatro a partir de un solo concepto inaugural: “Amarás a Dios por sobre todas las cosas”. “No hubo mucha opción de cambiarlo, por algo son mandamientos, ¿no?”, bromea Szuchmacher, director de La gracia, que se estrena esta noche, a las 21, en la sala Batato Barea del Rojas. Para Vilo, responsable de la dramaturgia, la mayor complejidad de la sentencia que les tocó en suerte “radicaba en su imprecisión, porque es el único mandamiento que no entraña la decisión de ningún conflicto en sí mismo. Y ahí surgió el primer problema: había que definir qué significaba amar, qué significaba Dios y qué significaban las otras cosas”. Agrega Szuchmacher: “Y sobre todo, abordar todo eso desde la falta de pensamiento religioso que tanto Lautaro como yo tenemos. Era todo un punto no ser creyente y tomar este mandamiento que contiene a todos los demás. Creo que los otros nueve tienen, de alguna forma, una lectura más dramática. Si a uno le toca ‘No matarás’ por lo menos sabe que hay un muerto, o un intento de asesinato, o el deseo de matar; algo se configura. Ahí yo veía una dificultad, pero me parece que la decisión que se tomó finalmente resultó buena, porque aborda el tema pero no lo vuelve explícito ni se cayó en la tentación de criticar el fundamentalismo: Lautaro pegó un salto que nos hizo caer en un lugar completamente distinto”.

En vez de poner en escena gente que mata en nombre de la religión, Vilo se decidió a escribir sobre el amor a la vida, partiendo de la historia de una persona con problemas de salud que lucha por salvarse. “Por suerte, pudimos evitar las zonas más peligrosas, caer en la crítica más sosa de lo religioso o parodiar a la clase media que no mira a Dios. La opción que quedaba era empezar a pensar de qué hablaba la idea de decálogo hoy, en este momento. Y creo que quizá la lectura esté más relacionada con los problemas morales y éticos que con la idea de la Iglesia”, analiza.

–¿Qué características particulares se plantearon como piezas de un Decálogo del Rojas?

–RS: Sería bueno que el público entendiera que este tipo de ciclos hay que verlos en su totalidad. No se puede ver una sola obra, por más que tenga su independencia, porque la constitución más perfecta de un ciclo aparece cuando se puede entender su total diversidad. Por algo estamos insertos en una propuesta que es un colectivo. De la misma manera, los espacios determinan, son envases de ideas, de ideologías, de prejuicios. Emiten palabra.Y las obras que uno hace están en relación con ellos: el éxito o fracaso que pueda tener un espectáculo se relaciona inevitablemente con si se establece algún tipo de polémica, fricción o identidad con el lugar en el que está. Si no hay reflexión sobre eso, si da lo mismo que una obra esté acá o allá, algo se está haciendo mal. En ese sentido, yo ya conozco el Rojas porque he trabajado mucho ahí y tengo la sensación de que hemos tomado por el camino correcto.

–El resto de los equipos está conformado, en su mayoría, por dramaturgos y directores de la nueva camada. ¿Qué piensan de ellos?

–RS: Se van a enojar todos, pero me parece, por las cosas que estoy viendo, que les cuesta mucho precisar, configurar, entender la preexistencia de signos. Y, para colmo, cualquier rapto de ingenio es alabado de una manera impresionante, sin que se entienda que el ingenio no es artístico en sí mismo. El ingenio puede ser una parte de una configuración de algo pero no necesariamente va a dar una complejidad. Tengo la sensación de que les está pasando eso: en los talleres hay algo que funciona, que sirve para resolver en diez minutos, pero el salto a una constitución artística extensa es mucho más complejo. Y creo que personas como Lautaro son castigados porque no acceden a esa fiesta. A mí me parece que desde los mismos creadores, desde los actores y desde la crítica, no se toman el trabajo de reflexionar, de decir: “Esto es un germen muy interesante, tomate dos años para pensar y hacerlo crecer”. Entonces estamos llenos de espectáculos en proceso de formación pero ya circulan por el mundo, se muestran, acceden a festivales internacionales. Hay una especie de gran desorden que en lo artístico aparece en una profusión irreflexiva. Estaría bueno que a los maestros, a los directores, a los actores, a los que dan los subsidios no les diera lo mismo; porque no pasa solamente por criticar la situación sino por organizar las estructuras de poder que avalan eso.

–LV: Si el teatro no se reubica como una actividad compleja, si lo que están haciendo los actores lo puede hacer cualquiera que está en la butaca, estamos en problemas. La composición de una obra no puede ser un anecdotario de adolescentes tardíos. El desafío generacional, me parece, está en ir formando las voces particulares. Leo mucha dramaturgia que se parece, como si fuera de un solo autor. Ese autor imagina, generalmente, situaciones en habitaciones de clase media o, cuando se pone más fascista, compone departamentos de Lugano donde son todos medio bobos. Y yo entiendo la buena onda de esos autores, pero también entiendo su miopía política.

–RS: Quizá el problema pase por la falta de trabajo genuino, porque el neoliberalismo también operó sobre el teatro. Es que ante la falta de puestos dignos es posible acceder a la industria cultural con pocos recursos y unas habilidades enseñadas muy al pasar. Si encima me dan un subsidio por eso, ¿por qué me voy a reprimir? Los nuevos creadores son tarambanas y tilingos, es cierto, pero me parece que hay un sistema que está avalando esa falta de creatividad.

Timonazo temático para el Festival Internacional

Desde diciembre pasado, Rubén Szuchmacher es el director del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) junto a Alberto Ligaluppi. Szuchmacher está entusiasmado con el proyecto y ya comenzó a ver las obras de teatro seleccionadas en la edición anterior, como una forma de comprender el criterio de curaduría que se empleó hasta ahora. “El diseño del próximo festival está armado casi por completo, lo que hay que hacer ahora es empezar a llenarlo con obras; elegir qué va a venir. Tenemos una línea de lo que queremos y lo que no queremos traer de afuera: sabemos, por ejemplo, que no vamos a buscar nada en otros festivales, sino en las ciudades y que queremos acrecentar la presencia de Iberoamérica. Nos interesan los espectáculos de sociedades en crisis, de países en guerra. Buscaremos por ahí, porque nos interesa resignar un poco la modernidad tilinga europea en pos de temáticas interesantes.” El timonazo no sólo será temático, sino también cronológico: “Vamos a intentar sacar al FIBA del año electoral, porque nos pidieron que el festival pase a octubre y sería bueno que no coincidiera con las votaciones. La idea es hacer un festival en 2009 y otro en 2010 y seguir, de allí en más, en los años pares”.
Aquellos Diez Mandamientos de la Ley de Dios que llegaron a las manos de Moisés en el monte Sinaí y que fueron dados al hombre como principios o normas básicas para el ejercicio de cualquier actividad.

“La idea era constituir un ciclo que reúna a una cantidad de artistas, dramaturgos y directores a partir de una consigna puntual en la que todos pudieron indagar sobre un cierto territorio y a partir de esto nació hacer un ciclo que trabaje sobre la teología moral, sobre las cuestiones que están arraigadas sobre todos, en personas religiosas o no.

Lo importante es cómo están los Diez Mandamientos metidos en las sociedades occidentales”, señala Matías Umpierrez, curador y coordinador Área Teatro, del Centro Cultural Rojas.
A partir de esta idea nació este ciclo, en donde un director y un dramaturgo en cada caso indagan sobre los Mandamientos. En total son 10 directores y 10 dramaturgos.
“También hay una decisión muy concreta y política de que exista la figura del director y del dramaturgo, porque hoy todo se fusiona y casi no hay trabajo de puesta. Y acá concretamente la búsqueda es que hay alguien que se responsabiliza del texto, y hay alguien que se responsabiliza de montar el espectáculo”, asegura Umpierrez.

PRESENTACIÓN. Los Diez Mandamientos se van a presentar en dos años; en este primer año se van a presentar seis, y los cuatro restantes, el año que viene. “Es muy posible que el año que viene, en el 2009, en algún momento estén las diez obras en cartel”, acota Umpierrez.
En su entrega inicial, durante mayo, se presentarán los tres primeros Mandamientos, a cargo de Rubén Szuchmacher, Lautaro Vilo, Romina Paula, Mariana Chaud, Andrea Garrote y la mexicana Concepción León Mora.

PARTICIPANTES. Según el curador del ciclo, la idea para ampliar el diálogo es trabajar con algunos artistas iberoamericanos. Así el trabajo se realiza en conjunto con dos instituciones, una es el Centro Cultural Helénico, que trae dos artistas mexicanos, que son dos dramaturgos, y el Centro Cultural España que trae a dos españoles. Este proyecto, también apoyado por Iberescena y por el Fondo Iberamericano de Apoyo Cultural, “hace que de alguna manera tenga más estructura y más sentido el ciclo”.

Montaje decadente

Jueves, mayo 29, 2008

Teatro: Decálogo, mandamientos 1,2 y 3

por Lucho Bordegaray


En la gacetilla de prensa del ciclo Decálogo. Indagaciones sobre los diez mandamientos, promovido por el Centro Cultural Ricardo Rojas, el responsable del área teatro de esa institución, Matías Umpierrez, se refiere a él con estas palabras: “El decálogo son aquellos 10 mandamientos de la ley de Dios que llegaron a las manos de Moisés en el Monte Sinaí y que fueron dados al hombre como principios o normas básicas para el ejercicio de cualquier actividad. Ahora 10 directores y 10 dramaturgos indagan sobre este universo de la teología moral, dando como resultado 10 espectáculos teatrales que, en cada caso, dialogan con la intención del mandamiento original. En su entrega inicial, durante el mes de mayo, presentamos los tres primeros mandamientos, a cargo de Rubén Szuchmacher, Lautaro Vilo, Romina Paula, Mariana Chaud, Andrea Garrote y la mexicana Concepción León Mora”. Al presentarse como indagación sobre el universo de la teología moral, la propuesta resulta interesante y ambiciosa. Pero, de inmediato, las palabras de Umpierrez cambian: nos anticipa que los espectáculos dialogan con la intención del mandamiento original, y esto suena a dejar todo librado a la imaginación de las autoras y los autores, perdiéndose el rigor que una línea antes se presumía. (Ya sabemos que, en el arte actual, “dialogar” es un verbo con aplicaciones muy disímiles.De las tres obras estrenadas hasta ahora de este ciclo, dos se han perdido al entrar en el movedizo terreno de dialogar “con la intención del mandamiento original”: tanto en Todos los miedos como en El amor perfecto de dos paraguas disfuncionales, el arduo trabajo de reconocer tan profundamente un texto bíblico –especialidad de hermeneutas y exégetas– termina necesariamente recostándose en el mentado “diálogo”, llevando ambos trabajos por caminos que no son los prometidos. Solo el texto de Lautaro Vilo está a la altura de lo sugerido en ese ciclo: él logró crear una situación en la que el mandamiento está absolutamente presente y es esencial a su desarrollo, mientras que el respectivo mandamiento aparece como excusa, como concepto análogo apenas sugerido en las otras dos.Cabe señalar también que los mandamientos originales no se corresponden con las obras que forman este ciclo, ya que sus títulos se refieren al decálogo del catecismo católico, y no a alguna de las dos versiones de los mandamientos que la Biblia posee (Éxodo 20,2-17 y Deuteronomio 5, 6-21). Estamos, pues, ante los mandamientos católicos, distintos de los que profesan la religión judía y los cristianos protestantes.


“amarás a Dios sobre todas las cosas”

la gracia

Ya anticipé algo: la precisa mirada que Lautaro Vilo ofrece sobre el tema que le corresponde en este ciclo lo hace, hasta el momento, el único que ha reflexionado rigurosamente en el universo de la teología moral.Un hombre está en cama, internado en un hospital, totalmente vendado. Entra una mujer. Él la reconoce y se altera. Ella fue para perdonarlo. Cree que al perdonarlo cumple con lo que su dios le pide. Sin embargo, ese dios pide más. No alcanza con aquietar su conciencia por lo que pudo haber sentido hacia ese hombre. No: también está en juego el devolverle la paz a él. Así, “amar a Dios por sobre todas las cosas”, lejos de ser una elección que endulza fácilmente la vida mientras suenan de fondo canciones de alabanza y fraternidad universal, se torna un ejercicio terrible, doloroso, que hasta escapa a la razón (quizás por eso, a quienes lo vemos desde fuera, nos resulta irracional).Esta es una pieza áspera, y está muy bien que así lo sea: hay algo de tremendo en lo divino que nunca puede resultar seductor o atractivo. Pero Vilo supo crear un texto que no pierde belleza ni aun cuando traza episodios o emociones desagradables. Y con un entramado tenso y firme, a través de las ideas –al principio confusas, de a poco más precisas– que va expresando esa mujer, nos encamina al encuentro con lo que se esconde entre los dos personajes.Berta Gagliano asume el rol de esa mujer, y en él se desagarra, reconstruye su integridad, se abate y vuelve a estar de pie. Habla sola, pero no consigo misma, sino como dialogando con ese hombre que ni puede articular una palabra. Y atrapa al espectador incluso cuando cita de memoria algo tan desabrido como una actuación con tecnicismos judiciales. Expresa con sutileza un profundo dolor, y hasta en los menores gestos hace visible la lucha que se está desarrollando en el interior de su personaje. Un trabajo admirable.El hombre –injusto sería no nombrarlo– es Juan Manuel Torres.El espacio escénico, despojado hasta la parquedad, nos refiere también a esa vida en extremo ascética, carente de todo placer y distracción sensible, que los místicos consideraban como camino obligado del alma en su elevación.La dirección es de Rubén Szuchmacher, quien sin dudas logra convertir cada palabra, cada idea, cada sensación en inquietud, asombro y vértigo, exhibiendo así la situación de quien cree encontrarse ante esa inmensidad insondable a la que le ha identificado como dios. El excelente texto de Vilo alcanza su punto justo de la mano de Szuchmacher, por lo que esperamos que este equipo se reencuentre prontamente.

El resto del comentario está en: http://montajedecadente.blogspot.com/2008/05/teatro-declogo-mandamientos-1-2-y-3.html